23 de abril de 2007

Derecho a una nación o abriendo la Caja de Pandora

En el sentido más simple una Nación se define como un conjunto de personas de un mismo origen étnico, con mismo idioma, y con una historia y tradiciones en común. Además, y este punto es de vital importancia, que comparten y ocupan un mismo territorio. Agregándole un gobierno soberano capaz de mantener sus fronteras bien establecidas, tenemos entonces la definición del Estado-Nación moderno.

A través de la historia, grupos raciales han logrado establecerse en naciones, mientras que otros tantos han perecido en el intento ó, en el mejor de los casos, han sido tragados o separados por otras naciones más poderosas. Nadie puede discutir que no hay ningún pueblo o nación que no tenga derecho a existir y gobernarse bajo sus propios usos y costumbres, y por consiguiente, erguirse en un Estado-Nación. Pero lo anterior no es tan fácil y grandes conflictos lo han demostrado.

Uno de estos casos es el yugoslavo, a finales del siglo XX se desarrollaron terribles conflictos armados que terminaron con la existencia de Yugoslavia para entregarnos varias naciones como Croacia, Eslovenia y Bosnia. Pero pequeños grupos étnicos no serbios permanecen en lo que es hoy Serbia (como Kosovo) y que han sufrido ataques, discriminación y limpiezas étnicas como las llevada acabo por Slobodan Milosevic en los noventas contra los albaneses en Kosovo o los musulmanes bosnios en Srebrenica.

El territorio de Kosovo se encuentra habitado en su mayoría por albaneses de religión musulmana. Los kosovares buscan su independencia de Serbia con la que no comparten nada, ni religión (ortodoxos unos, musulmanes los otros) ni tradiciones ni historia.

Las Naciones Unidas discuten la situación de Kosovo y pretende una independencia supervisada, plan que los kosovares no aceptan ya que quieren independencia total, mientras que otros, como los rusos, no quieren ningún tipo de independencia para este territorio.

¿Por qué Rusia no acepta el plan para Kosovo? Es muy sencillo, desde que se disolviera la Unión Soviética y varias repúblicas obtuvieran su independencia, otras cuantas se quedaron con las ganas, entre ellas Chechenia. Las autoridades de relaciones exteriores rusas, el año pasado, señalaron que darle el reconocimiento a Kosovo de nación independiente es abrir una Caja de Pandora creando una situación donde cualquier grupo étnico asentado en cualqier territorio busque su independencia. Rusia perdería Chechenia (importante por la cuestión del gas que será discutido en otro momento) y enfrentaría problemas con otras pequeñas republicas que aún le pertenecen. Georgia tendría que aceptar la separación de Osetia del Sur y de Abjasia. Grupos como los Kurdos, los Vascos, los Irlandeses del Norte, los Palestinos, los Quebequois entre muchos más encontrarían la bandera que necesitaban para por fin obtener el reconocimiento para existir como Estado-Nación. Intereses políticos y económicos de varias naciones se verían duramente afectados y conflictos armados, genocidios, entre otras cosas, estarían a la orden del día.

Pero, por qué sí hay naciones que apoyan la independencia de este territorio. Por qué Estados Unidos y Europa ven con buenos ojos la nueva nación. Por qué el caso kosovar es diferente al palestino o a al kurdo. Por qué se le permite a Israel construir un muro que ofende a la comunidad internacional, por qué Turquía tiene manos libres para fustigar a los kurdos en su territorio.

Los Estados Unidos son el principal promotor de la causa kosovar debido a la posición estratégica que tiene Kosovo con respecto a Europa, Oriente Medio y Rusia. El contar con un país aliado en esta zona es importantísimo para Estados Unidos, y por ello del gran empuje a favor en la ONU y de apoyos económicos y políticos, que hacen de Kosovo la única nación islámica pro estadounidense del mundo.

Independizar Kosovo parece una solución justa y necesaria, pero al dar este paso, la comunidad internacional abriría la puerta a otros grupos étnicos que no encontrarían diferencia de su caso con el kosovar, y como consecuencia, pelearían por su derecho a existir.

¿Estarán las grandes potencias dispuestas a enfrentar nuevos y viejos conflictos raciales?


Carlos

20 de abril de 2007

Entre Guerra Cultural y el Ordenamiento de la Realidad

Hablar del aborto siempre es y será un tema espinoso en un país como México. La sociedad mexicana es contradictoria en todos los sentidos con el que la podamos definir. Por un lado, se encuentra inmersa en una conciencia Guadalupana tradicionalista, que respeta los valores y las costumbres, mientras que al mismo tiempo puja con una fuerza innovadora postmodernista para conseguir un lugar en un mundo globalizado y mediatizado. El tema del aborto es y será por mucho tiempo un tema de choque. Un tema de confrontación entre estas dos realidades de un país que busca modernizarse al mismo tiempo que pretende mantener su equilibrio cultural.

Pero la discusión del aborto no es un planteamiento de lo que se debe o no se debe hacer, de su trasfondo ético y moralista, o de su viabilidad jurídica; la actual discusión sobre las despenalización del aborto debe ser entendida como un punto de partida para poner orden y reglas a una realidad muy dura y muy fría: en México, y particularmente en el Distrito Federal, se practica el aborto, queramos verlo o no.

Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud, de los 211 millones de embarazos estimados anualmente, unos 46 millones acaban en abortos provocados intencionalmente en todo el mundo, de los cuales 18 millones son realizados en condiciones no seguras. El punto no debe ser el tratar de entender, de satanizar o de hacer un juicio valorativo sobre las razones por las cuáles se lleva a cabo un aborto, sino sobre los criterios y condiciones mínimas de salud pública para garantizar que la decisión de abortar se realice de forma segura.

Sin importar las motivos o las justificaciones del por qué se debe penalizar o despenalizar el aborto, debemos entender que dicha práctica es una decisión personal que tiene un objetivo unidimensional para la persona que resuelve llevarla a cabo. Y esa decisión contempla una disyuntiva PRIVADA, sobre la cual indudablemente versará esta discusión ética y moralista, pero que pesa más sobre una serie de factores que influyen sobre la vida PRIVADA de la potencial madre o de la potencial pareja. Para mí, cuando las decisiones son personales y se realizan en la esfera de la vida privada de cada individuo no hay razón ni justificación para buscar influenciarla.

No se trata de darle voz a quienes no la tienen, ni de salvar una vida perdiendo otra. Ni se trata de generar las condiciones para facilitar o promover la decisión de abortar, que con mucha franqueza, apuesto que no es nada sencilla. La finalidad de la discusión sobre la despenalización del aborto debe ser una sobre el aseguramiento y el ordenamiento de la realidad de un país y de una ciudad. ¿Ordenamos para dar garantías de que el aborto se realice con condiciones mínimas de salubridad o penalizamos para fomentar el clandestinaje, la irregularidad y cerrar los ojos a un problema que creemos no existe? Dejemos que la conciencia defina lo que es bueno y lo que es malo, ya sabrá cada quien de qué es responsable al final del camino, sea Guadalupano o postmodernista.

Martino

27 de marzo de 2007

La muerte del Cap

Hace un par de semanas, el universo Marvel fue sorprendido por la muerte de unos de sus personajes principales. Steve Rogers (1941-2007), mejor conocido como el Capitán América, fue asesinado a la entrada de un juzgado federal. Enfrentando un juicio por oponerse a una ley gubernamental que buscaba enlistar a todos los meta humanos (superhéroes o villanos con superpoderes). El Capitán encontró la muerte antes de confrontar las leyes.

El Cap, como era conocido entre sus compañeros y amigos, fue uno de los grandes héroes del universo de los comics de la casa editorial Marvel. Icono de lo que la sociedad norteamericana considera sus ideales máximos: Libertad y Democracia. A través de siete décadas, el Capitán América luchó contra todos los enemigos norteamericanos conocidos. Surgido en 1941, en pleno apogeo de la lucha contra el nazismo, el Capitán representaba la filosofía y la posición norteamericana contra Hitler y su Alemania. Utilizado para elevar la moral de la sociedad y reclutar jóvenes para los cuerpos armados, el Capitán América se enfrascó en una lucha ficticia contra el nazismo bajo la bandera de la democracia y la libertad.

Acabada la Segunda Guerra Mundial y comenzada la Guerra Fría, el Cap se aplicó a otro lucha, ahora contra el Comunismo. Otra vez el Capitán representaba la sociedad norteamericana en su pelea contra un nuevo enemigo mortal, y una vez más junto a Estados Unidos (gracias a la caída del Muro de Berlin y el colapso soviético a principios de los noventas) saldrían victoriosos. Vencido el Comunismo, el Capitán América no encontró un nuevo enemigo que hiciera coherente su existencia, y a principios del nuevo siglo su presencia se hacía irrelevante.

Las autoridades de Marvel señalan que los comics buscan ir lo más posible de acuerdo a la realidad mundial, pero sobre todo a la realidad norteamericana. Después del 11-S, el gobierno norteamericano ha peleado una guerra con un enemigo difícil de detectar, la famosa Guerra Contra el Terrorismo. En esta lucha, la administración de George Bush pasó la llamada Ley Patriótica que permite, entre otras cosas, interferir llamadas y vigilar y arrestar a cualquier sospechoso de terrorismo sin los procedimientos legales requeridos por la misma Constitución estadounidense. Una ley que muchos de sus detractores encuentran opuesta a las garantías individuales que tanto han enarbolado la sociedad y cultura norteamericana.

Actualmente, el universo Marvel se encuentra hundido en lo que se ha llamado como la Guerra Civil. Todo comenzó, a grandes rasgos, con un acontecimiento similar al 11-S, uno de los tantos villanos mató a miles de inocentes cuando se encontraba en una batalla contra algunos de los tantos héroes. Para evitar un suceso similar, el gobierno norteamericano lanzó una ley (similar a la Ley Patriótica) que buscaba registrar a todos las personas con superpoderes. El Capitán América encontró en dicha ley rasgos que iban contra las garantías individuales que él tanto defendió y, junto a un grupo reducido de héroes, se enfrentó al gobierno y otros héroes encabezados por Ironman. De ahí nace la Guerra Civil en la cual se encuentran enfrascados en la actualidad los personajes de Marvel.

Todo esto es importante ya que el Capitán América, garante de los ideales norteamericanos, hoy ya no tenía relevancia, es decir, las convicciones norteamericanos del siglo XX (acentuados por el triunfo en la Segunda Guerra y recalcados en la personalidad del Capitán América) han cambiado tanto al grado que uno de los grandes emblemas de la cultura popular norteamericana ya no tenía razón de ser.

Las justificaciones de la política bélica de George Bush no son las mismas a las que esbozaban sus similares en el silgo pasado cuando luchaban contra el nazismo y el comunismo. La sociedad norteamericana ha cambiado y sus creencias expresadas desde sus inicios con el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe ya no son las mismas. Han perdido la brújula política, y un personaje como el Capitán América carente de cualquier tipo de coherencia en a la actualidad no tenía otro destino que la muerte.

Se dice que en cualquier momento surgirá un nuevo Capitán América. Seguro llevará impregnado la nueva filosofía norteamericana. Será un nuevo personaje que representara la actualidad de Estados Unidos, un héroe que luchará contra el enemigo fantasma del terrorismo, un Protestante que encontrará en los Musulmanes a sus enemigos más mortales y que seguramente también buscará eliminar del juego a trabajadores ilegales. No duden que lo veamos edificar un muro fronterizo, pelear contra cárteles de narcotraficantes y darse tiempo de defender lo que acontece en la prisión de Guantánamo.

Pero con los constantes cambios mundiales, el hasta ahora fracaso en Irak y la inminente derrota electoral de los Republicanos en 2008, me pregunto ¿Cuánto tiempo vivirá este nuevo Capitán América antes de ser nuevamente irrelevante?

Carlos

25 de marzo de 2007

Mayorías Legislativas ¿Vetos o reformas?, ¿a quién le importa?

La literatura escrita desde la Ciencia Política ha planteado la importancia sobre la influencia del poder parlamentario en los diversos regímenes políticos. Desde “El espíritu de las Leyes” de Montesquieu, pasando por los análisis institucionales de Juan Linz sobre la relación de los poderes Ejecutivo y Legislativo en los regímenes presidenciales y en los parlamentarios, hasta llegar a la propuesta contemporánea de George Tsebelis sobre la identificación de distintos jugadores con veto en estos sistemas institucionales –por mencionar algunos autores- se han preocupado inherentemente por el papel desempeñado por el funcionamiento del parlamento tanto en su “producción de leyes”, así poder dentro del Estado.

Si bien se le ha asignado al parlamento la principal función de la producción de leyes, o sus reformas, ésta ontología no le exime de contar con otros ejes de influencia al interior del desempeño político de los parlamentarios, lo que principalmente está definido por cada historia que ha definido el rol del poder legislativo dentro de cada sistema político.

A partir de esta idea busco dar paso a plantear un punto para ahondar en el debate que queremos abordar, y este versa sobre el papel de las mayorías legislativas en un sistema en proceso de democratización. Inicialmente parece ser que el papel de las mayorías es diferenciado, dejando de lado la función “histórica” del legislativo en cada caso, según cada diseño institucional de aprobación de leyes y sus reformas.

Las reglas son importantes, o como reconocería el Banco Mundial: “las instituciones importan”, pues estas delimitan las formas en como los actores definen sus estrategias para actuar, como sucede en el campo del parlamento en el momento de definir los requisitos para aprobar o rechazar una iniciativa de ley, o de reforma. Esto es, se establecen los límites mínimos para modificar el estado actual de un ordenamiento legal, o status quo en términos de Tsebelis.

Así, a partir de las reglas se pueden identificar la formación de mayorías legislativas necesarias para lograr la aprobación de una iniciativa o reforma, puede haberlas de manera “simple”, “absoluta” o “calificada”, pero lo que aquí se quiere resaltar es que también se generan los incentivos para cada fuerza política para unirse a una coalición ganadora o a una de veto. Mientras más requisitos se necesiten para modificar el status quo, mayores incentivos tendrán el resto de las fuerzas políticas para rechazar la aprobación de las iniciativas, y el caso inverso también puede suceder.

Pero algo que caracteriza a la política dentro del parlamento es que se busca hacer de la negociación política como un mecanismo para reducir los costos y lograr la adhesión de fuerzas políticas en coaliciones tanto para aprobar o vetar un posible cambio a las leyes.
Detrás de la aprobación o no de iniciativas o reformas a las leyes, de las posturas adoptadas por cada fuerza política, surge el problema de la relación entre los legisladores y la sociedad, y si esta se acaba en la noción de la “representación”. Considero que este último es una idea que no permite definir claramente para el legislador los intereses que debe representar (si los de su circunscripción o de “la nación”), y menos aún le permiten al ciudadano saber en qué momento se le representa, o cuando se le incluye, aunque fuese de manera indirecta, en el debate sobre la generación, aprobación o veto a iniciativas de ley.
Ciertamente la formación de mayorías es importante en el parlamento, pero puede haberlas débiles o simples, así como fuertes, o absolutas o calificadas, pero esto no significa que se estén representando la mayorías de los intereses o preferencias del electorado, y menos aún de la ciudadanía o de “la nación”. Entonces ¿qué le queda por hacer a la ciudadanía ante esta laguna?

Esta es una pregunta sin respuesta clara, pero lo cierto es que requiere una mayor vigilancia de los ciudadanos sobre la agencia de los parlamentarios, así como sobre los productos de la acción legislativa, esto es, identificar quiénes serán los principales beneficiados de cada iniciativa de ley, o su reforma. Sí, nos demanda más tiempo en temas que no nos agraden o se vuelvan complicados de entender, pero si no se hace, ¿cómo sabremos en qué momento nos están representando? Parecería ser que la representación partiría del interés del propio ciudadano para ver que sus preferencias se “llevan” al debate legislativo y ya no desde la idea que se forma el legislador sobre lo que “quieren” sus representados, en especial al momento de una aprobación o veto legislativo. Ya no basta con decir que una mayoría legislativa representa los intereses de la mayoría de los electores, pues nada asegura esta relación. Sólo los ciudadanos podemos vigilar a los legisladores para verificar si nuestros intereses son llevados a la palestra del debate de “la nación”, en cada aprobación o veto a una iniciativa de ley. A nosotros nos debe importar. Chales!!!

Gustavo

23 de marzo de 2007

El PRD y el Lobo

Desde que Felipe Calderón asumiera el poder el primero de diciembre del año pasado pareciera ser que el Partido de la Revolución Democrática se convirtió en un NO institucional en el Congreso a cualquier tipo de propuesta que venga del ejecutivo o de las bancadas del PAN. Al igual de cualquier propuesta de otro partido que antes hubiera negociado con Acción Nacional.

Esta imagen la ha ido cultivado el PRD desde legislaciones pasadas, pero ha tomada mayor fuerza en los últimos meses. Varias encuestas demuestran que la ciudadanía ve a este partido como la oposición más fuerte hacia el gobierno actual. Esto no es necesariamente malo, es un hecho que para que la democracia exista debe coexistir un gobierno y una oposición.

En la actual legislación, los diputados y senadores se han negado en reconocer el triunfo de Calderón en las elecciones pasadas bajo el argumento de un supuesto fraude electoral. También han intentado parar diferentes reformas provenientes de otros partidos, el ejemplo actual es su oposición total a la Ley del ISSSTE propuesta por el PRI.

El PRD en el Congreso tiene todo el derecho a protestar, negociar o inclusive abandonar sesiones cuando una iniciativa de ley no le convence, pero la imagen que queda en la ciudadanía en general es que el PRD es el partido del NO, el partido que siempre estará en contra de las reformas necesarias para el país y por consiguiente en contra del mismo país.

La Ley ISSSTE busca salvar a la institución que está en un punto de inflexión, o se va de picada o se realizan las reformas necesarias para salvarlo. La propuesta del PRI, PAN y los otros partidos que no son del Frente Amplio Progresista (PRD, PT y Convergencia) intenta solucionar el conflicto de las pensiones a los trabajadores y es un hecho que es una Ley que le falta trabajo para ser perfecta, pero es peor no hacer nada y dejar la Instituto como está.

Los perredistas tiene todo el derecho a sentirse relegados de la negociación y ver como un peligro inminente a Elba Esther Gordillo o Joel Ayala o cualquier otro líder sindical que se vea incluido en el comité que regirá al recién creado Pensionissste. Pero el abandono de sesiones, ataques y ofensas directas durante las sesiones y la, ahora común, toma de la tribuna no son la solución, y mucho menos deja una buena impresión antes los ciudadanos.

Llegará el momento en que se quiera legislar una ley o un cambio constitucional que le resulte contraproducente al país, y el PRD intentará frenar la iniciativa y buscará defender sus argumentos ante los medios. Pero de seguir el camino actual de contradecir toda propuesta ajena a su partido, ni la ciudadanía ni el resto de los partidos lo escucharán. Será lo mismo que el cuento infantil Pedro y el Lobo.

Carlos