16 de marzo de 2007

¿Y agricultura?

Felipe Calderón dice que “hagamos de la naturaleza y del cuidado del medio ambiente motores de desarrollo económico y social; llevemos a todo mexicano el beneficio de haber nacido en México, un país de excepcional diversidad biológica.” Como ambientalista moderado, aplaudo la visión y me integro de inmediato para apoyar en el reto de la nueva administración. El sustento del folleto de medio ambiente del presidente del empleo arranca enlistando los requerimientos para lograr dicho objetivo y hasta hace un diagnóstico bueno del deterioro del medio ambiente. Todo va viento en popa y mis ganas por unirme a las acciones que pueda plantear Felipe crecen al mismo ritmo en la que se pierde cobertura natural en México.

El proyecto ambiental enfatiza unas páginas después: “el compromiso específico es una política realmente transversal que vincule a temas ambientales estratégicos con los sectores y actores más relevantes de la economía, al tiempo que se seleccionan los instrumentos más eficientes y adecuados para atender los problemas y lograr metas específicas.” A este punto mi cuerpo tiembla de emoción e impaciencia para conocer las líneas estratégicas del proyecto. Con una sinapsis desbordada mi cerebro se acelera y lanza conjeturas por todos lados: finalmente una política ambiental que busca desasociar del crecimiento económico el deterioro del medio ambiente y una política de vanguardia que posiciona el capital natural de México como elemento de competitividad. El folleto integra metas específicas en materia de energía, transporte y turismo, y lanza una agenda ambiental moderna, con un enfoque económico adecuado y sustentada en instrumentos de política innovadores. No puedo ocultar la emoción en este momento y me siento satisfecho con la planeación planteada. Sin embargo, como toda euforia cuando termina, llega la resaca y la mesura.

Un proyecto de esta naturaleza involucra revisar responsabilidades y atribuciones jurídicas, ya que la estructura operativa gubernamental (secretarías) es sectorial y no transversal. La planeación y ejecución de la política pública en México se ha caracterizado tradicionalmente por el diseño de objetivos sectoriales normalmente dispersos, líneas de acción centralizadas y de corto plazo, cuya finalidad es la obtención de resultados de alta rentabilidad política.

El planteamiento entonces sería excelente si tuviéramos una Secretaría de Medio Ambiente bien financiada y de rango alto, una oficina de sustentabilidad en la Presidencia con la capacidad e injerencia suficiente para determinar metas ambientales específicas en cada una del resto de las Secretarías, una meta nacional de trabajar hacia la sustentabilidad y cuadros técnicos y gerenciales encargados de integrar la variable ambiental en la planeación sectorial del resto del sector gubernamental. Y eso, por desgracia, no existe.

Pero bueno, no me puedo quejar, en el diseño del proyecto estoy más que satisfecho y lo estaré por los próximos seis años, solamente que alguien me explique cómo se llevan los beneficios de nacer en México.

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