16 de marzo de 2007

¿Y ahora? ¿Quién podrá salvar al Frente Amplio Progresista?

Yo no se ustedes, pero yo no me canso de ver como Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se aprieta más el nudo de la soga que tiene en el cuello. Entre especulaciones, dimes, diretes y hasta jaloneos, el presidente “legítimo” participará en la megamarcha de la tortilla como un ciudadano más y ya no con la envestidura de cuento de hadas que normalmente antecede su nombre. Si pudiera hacer un manual de las artes para no estropear una carrera política, creo que me bastaría con poner una foto del tabasqueño y punto final.

La megamarcha de la tortilla representa una ventana de oportunidad pública para juntar fuerza social y construir capital político. Juntos pero no revueltos, los grupos sindicales, campesinos, civiles y partidistas afines a la idea de una izquierda mexicana, sea obradorista o no, harán presencia en una “concentración épica” que no podría fungir como mejor escenario para arrancar el 2007 con un discurso de oposición sólido. Si ante dicha oportunidad alguien me hubiera dicho que lo importante no es quien va orar sino manifestarse y demostrar unidad, como bien dijo Jesús Ortega, coordinador general del Frente Amplio Progresista (FAP), no hubiera encontrado mejor pretexto para deslindarlo de mi proyecto alternativo de nación.

A mi juicio, hay que sumarle un nuevo ponche al FAP en sus intentos por “despertar” a México y conseguir la Presidencia. Tal vez alguien deberá explicarle a López Obrador, y para efectos prácticos al PRD también, que la forma de hacer política de campaña, como en la que pretende estar todo el año, no es con solidaridad, ni unidad, ni presencia, ni discurso. Es con liderazgo.

El hubiera no existe, pero que película más distinta estaríamos viendo en la megamarcha si en su momento AMLO hubiera aceptado el fallo del Tribunal Federal Electoral, hubiera consolidado un proyecto desde la oposición real enmarcada en el Congreso, Senado y gobernaturas perredistas, y si hubiera negociado una secretaría de gobierno (SEDESOL) al no muy legitimado gobierno calderonista en su momento. ¡Nombre! Que miedo. Imagínense el impacto de una megamarcha bajo ese supuesto. Dirigida por el líder nacional del PRD (indudablemente AMLO), en el epicentro de la operación política nacional, junto a diversos líderes campesinos y sindicales, más los actores civiles moderados que se hubieran sumado; ni un concierto de RBD hubiera tenido tanto éxito. ¡Y pero aún! Emitiendo una “Declaración del Zócalo” en donde la oposición institucional de la mano de la base social mexicana demande desde revisar la política de competencia en México, evaluar los efectos del TLCAN en los precios de los alimentos de la canasta básica, diseñar una política de integración agro-energía-medio ambiente, definir la estrategia nacional de seguridad alimentaria y bioseguridad, entre otros. ¡Knockout! Menos mal que el ego mueve montañas y AMLO tiene de sobra, igual que un intermediario de harina de maíz.

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