Hace un par de semanas se iniciaron en el DF las uniones bajo el esquema de la Ley de Sociedades de Convivencia. La primera unión fue entre dos hombres del mismo sexo, y se dice que hay una larga lista de espera de parejas homosexuales que buscan legalizar su unión.
Los sectores más puristas de las sociedad capitalina, y del resto del país, ven con malos ojos dicha ley porque aseguran legaliza el matrimonio entre parejas homosexuales. Mientras que las porciones más abiertas de las sociedad aplauden y la señalan como un gran paso en los derechos de los homosexuales.
Es un hecho que las parejas del mismo sexo tienen que ser reconocidas por la ley como lo son las parejas tradicionales. Y una ley como esta es importantísima para el avance en la aceptación y tolerancia de los homosexuales. Pero no se puede dejar de lado un dato de gran relevancia que parece anti y pro homosexuales han dejado pasar: La Ley de Sociedades de Convivencias no es sinónimo de Matrimonio Gay.
Me explico, la nueva ley busca legalizar todo tipo de sociedad de convivencia que existe en la ciudad, desde parejas del mismo sexo hasta uniones de personas de la tercera edad que viven en un mismo departamento y comparten desde su compañía hasta gastos. La ley busca proteger a la pareja, compañero o como uno guste llamarlo de un segundo. Es decir, protege ante la ley el derecho a heredar, el derecho sobre el último deseo y demás cosas que involucran una relación de iguales.
Es entonces la Ley de Sociedades de Convivencia diabólica y dañina porque le da derechos y obligaciones a una pareja o un grupo de personas, ya sean del mismo sexo o de diferente, que conviven a diario en un mismo hogar. O es acaso un pequeño paso para proteger a los que sobreviven o dependen de alguien más sin un vínculo familiar directo.
No hay que dejarse llevar por el amarillismo o el simple hecho de que hay que tolerar a las parejas del mismo sexo, hay que analizar toda la ley, a quién protege y que derechos y obligaciones emanan de ella. No es simplemente una ley que permite el matrimonio gay como se quiere proyectar por los detractores de los homosexuales, es un instrumento de protección ante la ley que varias uniones diversas a las tradicionales no tenían antes.
Carlos
Los sectores más puristas de las sociedad capitalina, y del resto del país, ven con malos ojos dicha ley porque aseguran legaliza el matrimonio entre parejas homosexuales. Mientras que las porciones más abiertas de las sociedad aplauden y la señalan como un gran paso en los derechos de los homosexuales.
Es un hecho que las parejas del mismo sexo tienen que ser reconocidas por la ley como lo son las parejas tradicionales. Y una ley como esta es importantísima para el avance en la aceptación y tolerancia de los homosexuales. Pero no se puede dejar de lado un dato de gran relevancia que parece anti y pro homosexuales han dejado pasar: La Ley de Sociedades de Convivencias no es sinónimo de Matrimonio Gay.
Me explico, la nueva ley busca legalizar todo tipo de sociedad de convivencia que existe en la ciudad, desde parejas del mismo sexo hasta uniones de personas de la tercera edad que viven en un mismo departamento y comparten desde su compañía hasta gastos. La ley busca proteger a la pareja, compañero o como uno guste llamarlo de un segundo. Es decir, protege ante la ley el derecho a heredar, el derecho sobre el último deseo y demás cosas que involucran una relación de iguales.
Es entonces la Ley de Sociedades de Convivencia diabólica y dañina porque le da derechos y obligaciones a una pareja o un grupo de personas, ya sean del mismo sexo o de diferente, que conviven a diario en un mismo hogar. O es acaso un pequeño paso para proteger a los que sobreviven o dependen de alguien más sin un vínculo familiar directo.
No hay que dejarse llevar por el amarillismo o el simple hecho de que hay que tolerar a las parejas del mismo sexo, hay que analizar toda la ley, a quién protege y que derechos y obligaciones emanan de ella. No es simplemente una ley que permite el matrimonio gay como se quiere proyectar por los detractores de los homosexuales, es un instrumento de protección ante la ley que varias uniones diversas a las tradicionales no tenían antes.
Carlos
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